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30 años después, 10 gays y transexuales represaliados del franquismo son indemnizados

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El Gobierno acaba de indemnizar con 4.000 euros a siete andaluces que fueron encarcelados durante el franquismo por su orientación o identidad sexual. Dichas compensaciones han sido gestionadas por la Asociación de Transexuales de Andalucía (ATA), que también ha tramitado con éxito los casos de otras tres personas (de Asturias, Galicia y Cataluña). En total, cinco gays y cinco transexuales recibirán 4.000 euros, el mínimo contemplado por la ley de memoria histórica, y la asociación está ya ultimando las gestiones de otros dos casos de transexuales encarcelados por la dictadura.

Según cálculos de la Asociación de Ex Presos Sociales, cerca de 4.000 personas fueron a la cárcel durante el franquismo por ser homosexuales, aunque consideran que la cifra podría ser más alta, ya que los historiales están repartidos por instituciones penitenciarias y policiales y, a menudo, la condena alegaba delitos de prostitución en lugar de homosexualidad. De hecho, la cifra según datos recopilados por ATA asciende a 5.000 personas, de las que sólo unas 2.000 han solicitado esta reparación moral. “Otros han muerto o prefieren no revolver el pasado”, cuenta Mar Cambrollé, presidenta de ATA. Muchos fueron encarcelados en los infames penales de Huelva y Badajoz, cárceles que el régimen franquista preparó para “curar” a los gays (incluso a base de electrochoques y terapias aversivas). A Badajoz iban los que el régimen consideraba “pasivos” y al penal de Huelva los “activos”. Las lesbianas eran enviadas al manicomio.

Estas indemnizaciones son fruto de una lucha de casi ya quince años por parte de colectivos como la Asociación Ex Presos Sociales por el reconocimiento social y económico de los homosexuales y transexuales que fueron torturados durante la dictadura. Ya en 2006 su presidente, Antonio Ruiz (denunciado por una vecina monja en 1976, cuando él tenía 17 años), se mostraba muy satisfecho por el apoyo de todos los grupos políticos (excepto del PP, que no respondió a sus llamamientos), pero le pesaba que las indemnizaciones no llegaran antes: “[...] muchos compañeros que también sufrieron mucho [...] ya han muerto y no van a poder disfrutarlo”.

Muy a menudo el “delito” de los represaliados se reducía a… existir. “La ley franquista estaba hecha para reprimir a los homosexuales, pero a quienes golpeó de forma brutal fue a los transexuales, porque se nos negó nuestra identidad”, ha afirmado Cambrollé. “Yo vivía en Triana y había veces que no podía pasar del puente para ir a Sevilla. La policía me llegó a parar 14 o 15 veces un mismo día. Sólo por tener pluma”, recuerda Soraya, una de las indemnizadas, y añade: “Yo lo mío lo perdono. Pero el sufrimiento que pasaron mi padre y mi madre, no”. O como Rafael Postigo, a quien también detuvieron en Triana en 1963: “Me cogieron sin motivo y sin razón y me metieron seis meses en la cárcel”.

4.000 euros por tal sufrimiento es ciertamente una cuantía bajísima, pero los indemnizados coinciden en que “el dinero es insignificante. No hay dinero que pague lo que sufrieron aquellas personas. Lo importante es la reparación moral”, como advierte Cambrollé. O como ya declaró hace cuatro años Rampova, que ingresó en prisión con tan sólo 14 años en 1970, “por maricón” (según los policías que le detuvieron en Valencia): “No me interesa mucho la indemnización. Se habla de 12.000 euros, ¿a cuánto toca eso por violación? Si al final nos lo dan, creo que lo donaré a alguna organización de defensa de los derechos de los homosexuales. No cometimos ningún delito. Lo que me gustaría de verdad es que los que nos hicieron esto pidieran perdón”.

(Fuente: DosManzanas)

Las parejas homosexuales ofrecen un ambiente familiar excelente para la educación de los hijos, según un estudio

Las parejas homosexuales ofrecen un ambiente familiar “excelente” para el desarrollo de los hijos: fomentan especialmente la educación en valores y destacan por la implicación de ambos progenitores, según un estudio sobre las nuevas familias españolas.

El estudio ha sido llevado a cabo por Enrique Arranz, catedrático de Psicología Evolutiva de la Universidad del País Vasco, en colaboración con Alfredo Oliva, profesor de la Universidad de Sevilla. Para obtener las conclusiones se ha entrevistado a progenitores e hijos de 214 familias de diversos tipos (tradicionales, monoparentales, homoparentales, reconstituidas desde otras familias anteriores, con hijos de partos múltiples y adoptivos). En palabras de Arranz, como consecuencia lógica del sistema socioeconómico, la familia tradicional, en la que sólo las madres asumían la crianza de los hijos, está en extinción. “Ahora ellas trabajan, los padres no son siempre un hombre y una mujer, y cada vez más se crían hijos no biológicos”, afirma.

Arranz ha destacado la “excelente” evaluación que lograron las parejas homosexuales, las cuales “mayoritariamente son de mujeres, con buena solvencia económica, grandes deseos de ser madres y que dedican mucho tiempo a su hijo”, que suele ser único. Los niños criados en ese ambiente son “los más ajustados” psicológicamente, con un entorno “estimulante” que favorece su desarrollo y con menos conflictos que en otras familias, aunque como contrapartida “viven con miedo al rechazo social”, incluso por parte de abuelos o tíos.

También ofrecieron buenos resultados el modelo tradicional y las familias adoptivas, si bien estas últimas “deben afrontar una serie de situaciones difíciles con la llegada del menor, especialmente en su fase de adaptación” y suelen acumular más casos de problemas escolares. Las parejas homosexuales y los padres adoptivos son quienes mejor se reparten las tareas de educación y los que más fomentan la transmisión de valores de democracia y diálogo a la hora de resolver conflictos.

Por contra, los hijos de familias reconstituidas los que presentan “más desajustes” debido a que han experimentado un mayor número de acontecimientos estresantes, que han vivido la ruptura de su anterior familia y después deben aprender a convivir con los nuevos miembros.

(Fuente: DM)

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