EDUCACIÓN Y HOMOFOBIA | EN LAS AULAS EXISTE MIEDO A ABORDAR LA EDUCACIÓN SEXUAL

¿Nuestro objetivo? Formar personas íntegras
Platero reclama el derecho a enseñar y aprender sobre la sexualidad para que los estudiantes puedan reflexionar y tomar las riendas de sus propias vidas.

Raquel (Lucas) Platero, docente en educación secundaria y activista transfeminista.
Jueves 11 de febrero de 2010. Número 119

ANA BIANCHI (Periódico Diagonal)

Y yo le dije: “Si sigues faltando al instituto, vas a perder el curso. Además, un chaval de quince años como tú, sin estudios, ¿qué hace en la calle, en un barrio como éste? Vas a terminar vendiendo drogas. Y te van a pillar más pronto que tarde. Y claro, ya sabes lo que te espera en la cárcel. Allí lo que te va a pasar es que te van a dar por el culo”. Eso le dije yo, a ver si espabilaba.

– Claro, si es que lo hacemos por ellos. No se dan cuenta de que a nosotros, los ‘profes’ jóvenes, nos preocupa su futuro, que no somos como los de antes.

Esta conversación tiene lugar en un descanso del profesorado, donde se preguntan cómo mejorar su trabajo. Con la preocupación de enfrentarse al absentismo escolar, la homofobia aparece como un recurso más de la vida cotidiana que ayuda a “enderezar” a los “problemáticos”. Vivimos en una situación aparente de “no tener ese problema”, en el que las libertades civiles y la igualdad formal están conseguidas, al menos en el papel. Así, buena parte del profesorado piensa que si aborda la sexualidad, la desigualad de género u otras cuestiones sobre la discriminación, estaría creando un problema.

Buena parte del profesorado tiene miedo a abordar la educación sexual. La sexualidad es clave en nuestro desarrollo y, sin embargo, a menudo los profesores no han experimentado un proceso personal de maduración y reflexión con respecto a su sexualidad o con respecto a las normas sociales dominantes. Aparecen lagunas e ideas erróneas que llevan a realizar juicios de valor. Justamente, en ese contexto los chicos y chicas están expuestos a la influencia de unos medios de comunicación e información repletos de referencias indiscriminadas a la sexualidad. Están enganchados a unas nuevas tecnologías que ofrecen acceso a todo tipo de información, pero con pocas pautas para su interpretación.

La adolescencia es un mundo paradójico y en constante evolución. Sus problemas no han cambiado: falta de conocimientos sobre sexualidad y apoyo de sus mayores; aprenden sobre la sexualidad de sus iguales en espacios informales. Chicas y chicos que conviven con grandes mitos sobre la masturbación, el embarazo y las eyaculaciones. En clase sólo se habla de cambios corporales, reproducción y, con suerte, de las infecciones de transmisión sexual. De esta forma, les enseñamos a tener miedo y vergüenza. Mostramos la sexualidad como un problema, y nos olvidamos del placer o el amor.

Aprenden el doble discurso: qué decir ante personas adultas y cómo enfrentarse a un grupo de iguales. Así es difícil que hablen con el profesorado sobre qué les preocupa, mientras que con sus iguales no escapen de heredados tópicos juveniles.

Nuevos interrogantes
También se enfrentan a nuevos problemas, como la oferta infinita de información ligada al porno, al consumo y a una visión de la sexualidad lejos de lo cotidiano. En la red, se encuentran con nuevas formas de problemas antiguos, como el cyberacoso o el ‘grooming’, entre otros. En ese contexto se hace imperativo asumir la responsabilidad de escucharles activamente, de no esquivar los insultos del pasillo, de preguntarnos por qué un alumno no quiere salir al recreo o ir al baño, por qué a esa alumna nunca la eligen para trabajar en grupo, por qué hay chistes sobre algunas personas…

Para realizar una docencia de calidad se necesita saber qué les preocupa, a qué problemas se enfrentan, qué cosas les gustan. En lugar de creer que se sabe lo que quieren sin preguntárselo. Basta de discursos que culpabilizan a los jóvenes, con argumentos como si no hubiéramos sido así antes... El trabajo en las aulas debe enseñarles a ser personas de manera integral. Darles herramientas para enfrentarse al acoso escolar, la homofobia y al sexismo, los trastornos de la alimentación, el abuso de drogas... una educación que les permita elegir y pensar por sí mismos.

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